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Madre Rosario larrea

Muchas gracias Madre Rosario Larrea

Publicado: 2016-09-24

Por James Matos Tuesta

–“Además de religión que otra materia podría enseñar usted madre Rosario”, preguntó el sacerdote Jean Thomas Langlois a la joven que tenía al frente.

–“Cualquier materia padre”, respondió segura la joven sin intimidarse.

–“¡Así!”, carraspeó el padre Langlois sin quitarle la mirada a la Dama Apostólica que tenía al frente.

El padre Thomas Langlois, conocido como el “padre Tomás”, arribó a Pucallpa en 1957 procedente de Canadá para hacerse cargo de la dirección del primer colegio secundario de esta ciudad: el Faustino Maldonado. Su presencia en la Tierra Colorada se produjo, cuando por una decisión de la Iglesia Católica los misioneros franciscanos fueron reemplazados en 1957 por los Sacerdotes de la Sociedad de Misiones Extranjeras del Quebec, Canadá, para hacerse cargo del Vicariato Apostólico de Pucallpa y de la educación en la Tierra Roja (Pucallpa).

Langlois, en brevísimo tiempo se ganó la fama de estricto y de sabio. Esto último porque podía reemplazar en aula a cualquier profesor faltante retomando el tema desde donde se habían quedado. Todos se preguntaban: ¿tanto sabe?

Un día el padre Tomás, fue llevado como jurado evaluador a la localidad de Tournavista, jurisdicción de Puerto Inca, departamento de Huánuco, para tomar el examen final a los alumnos y alumnas que se promovían de cuarto a quinto de primaria. Él presidía el jurado junto a otros dos docentes huanuqueños. Uno de éstos, sin conocerlo cuestionó que un cura canadiense presidiera el jurado de una escuela peruana. Entonces, el sacerdote respondió: “Para ser presidente de un jurado no solo se necesita ser peruano, sino también tener el grado de doctor en Educación. Si usted también lo tiene, le cedo mi puesto”.

Pues ahora, el padre se enfrentaba a una joven que igual que él podía enseñar todas las materias que hasta ese momento solo él lo había hecho. Ante la seguridad de la religiosa, el sacerdote le quiso encargar unas horas en letras, pero la madre Rosario prefirió el área de ciencias, la más difícil. Dudoso el sacerdote dijo: “vamos a probar”. En poco tiempo, no quedó duda de los vastos conocimientos de la madre Rosario.

Era 1959, y la joven Rosario Larrea Gonzalez venía a estrenar sus votos religiosos en la espesura amazónica de Pucallpa, pero también a reforzar la educación secundaria de esta ciudad. Era natural de Bilbao, Vizcaya, España. Había nacido el 7 de octubre de 1926, y a los 23 años, ingresó a la Congregación de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús (hoy Apostólicas del Corazón de Jesús). Allí recibió una gran formación humanística, científica y religiosa.

En Pucallpa, desde el inicio le imprimió un estilo diferente a enseñar ciencia en la selva y se ganó el respeto de sus alumnos que incluso eran sus mayores. Asimismo, se dedicó junto a sus hermanas a organizar la primera misión de su orden en la tierra colorada. Estuvo unos años en esta ciudad, y en 1961, su congregación la envió a México para acompañar a jóvenes novicias de ese país y trabajar en las misiones de Playas de Catazaja durante nueve años. Luego estuvo un par de años nuevamente en su tierra natal trabajando con jóvenes de un colegio de Palencia, para retornar por segunda vez a la tierra roja y apoyar en la apertura de nuevas misiones en las localidades de San Alejandro y San Antonio, por la carretera Pucallpa-Aguaytía, así como luego en la comunidad nativa shipibo-konibo Caco Macaya. Volvió un tiempo a España para trabajar en la comunidad de Almenara nuevamente con jóvenes, para retornar otra vez al Perú.

A principios de 1983, la enviaron nuevamente a Pucallpa, para encargarse de la Parroquia Fray Martín de Porres, donde desarrolló su trabajo pastoral con los más necesitados, material y espiritualmente. Desarrolló una amplia labor social y educativa desde su cargo de párroco.

Asimismo, retomó su labor como profesora de religión pero esta vez en el Colegio Comercio N° 64. El director del plantel era su ex alumno del Faustino Maldonado, Edilberto Ruiz Dávila, quien le proporcionó todas las facilidades para ejercer su trabajo docente y consejería a los estudiantes. La madre traía consigo una maestría en psicología por la Pontificia Universidad Católica del Perú, y seguía con su compromiso social de la Iglesia y su apuesta decidida por la juventud.

En sus clases de religión era frecuente la lectura del “Documento de Puebla”, aprobado en México en 1979 en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. En ella, se abordaba el papel de la Iglesia Católica frente a la problemática social de América Latina y de su acción preferente por los pobres y los jóvenes.

La madre Rosario, en sus clases presentaba los contenidos de su curso aplicados a un escenario concreto como era en ese momento la realidad pucallpina. Y lo hacía de una manera directa y analítica. Sus reflexiones provocaban en los estudiantes mucho interés en tratar de entender el contexto social que enfrentaba Pucallpa y el nuevo departamento de Ucayali. Eso hacía que muchos estudiantes la buscaran después de clases para seguir conversando sobre eso y otros temas.

Su forma de tratar y comprender a los jóvenes, hizo que sus alumnos fueran sus amigos. Era imposible no sentir tanta confianza con una profesora que toda su clase la hacía de manera cercana, amena y con alegría. Nunca le faltaba una sonrisa a la madre Rosario, siendo precisamente su amplia y franca sonrisa su principal característica distintiva. El constante movimiento de sus manos y brazos para hacer más expresivo sus afirmaciones, era el otro rasgo que se destacaba en ella. Y causaba mucho impacto por tener una sonrisa sui generis, ser alta y tener los brazos y las manos bastante más grandes del común.

Tenía mucho diálogo con los jóvenes estudiantes, a quienes escuchaba con mucha atención sus inquietudes, problemas y dudas de la edad. Para todos tenía una palabra de consejo y aliento. Muchos se acercaban para pedirle orientación sobre sus vocaciones profesionales, y ella presto les aplicaba un test vocacional y psicológico. También animaba a aquellos jóvenes que tenían sueños de estudiar fuera de Pucallpa y probar suerte en Lima.

Un día se interesó mucho en un joven tímido de quinto de secundaria que le había expresado su deseo de estudiar en la capital peruana. Su compromiso con la aspiración del estudiante no cesó hasta conocer la realidad de sus padres e influir en la necesidad de los estudios en Lima y todo lo que eso demandaba. Fue muy difícil esa persuasión con el padre del estudiante, pero logró que finalmente enviaran a ese joven a Lima. Y no solo eso, lo acompañó hasta Lima para ubicarlo en una pensión de una familia iquiteña en Breña. Le consiguió una beca en una academia preuniversitaria y le orientó como movilizarse en la intimidante ciudad capital.

Y esa era siempre su actitud. Cuando ella creía que su apuesta era la correcta, no paraba hasta hablar con otros profesores, padres y madres de familia para orientar el destino de muchos jóvenes. Su prédica no se ceñía solo a dar mensajes sino a concretar de tal manera que el joven viera las cosas más claras y optara por el camino correcto.

Por eso las hermanas de su congregación apostólica la han descrito: “Con apariencia frágil y suave, has sido perseverante, y voluntariosa, y las que te conocimos sabíamos que cuando algo te agarraba el alma, no había quien lo detuviera, y así has llegado hasta hoy, sonriendo, acogiéndonos con la mirada de esos bellos ojos azules, pero sin que nada ni nadie detuviera tu camino”.

A los pocos años de permanecer en Pucallpa, retornó a Lima para trabajar capacitando a docentes católicos en la Oficina de Educación Católica (ODEC) y en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET). También estuvo vinculada a impulsar labores en el Colegio Luz Casanova de Breña y acompañando junto con otras misioneras de su orden a familias de asentamientos humanos en Huáscar, Canto Grande, en las demandas de sus servicios básicos y de asistencia pastoral.

Luego retornó otra vez a Pucallpa para trabajar como siempre apoyando en labores de acompañamiento religioso, actividades de grupos juveniles y en la Parroquia Jesús Nazareno en el asentamiento humano Las Alamedas. Y así, estuvo en los últimos años, entre Lima y Pucallpa.

En el 2005, un cáncer casi se lo lleva. Fue operada del colon y las cosas se complicaron sorpresivamente, y estuvo en coma un tiempo que hizo pensar que ya no se recuperaría. Todos estaban a la espera de un desenlace fatal, donde ni los propios médicos creían en su recuperación. Incluso un familiar de España vino para despedirla. Pero, pese a todo, superó largamente ese momento.

A principios del 2016, un insignificante incidente en la garganta la llevó a internarse en una clínica limeña, y luego de una intervención quirúrgica derivó lamentablemente en una complicación de varios de sus órganos, por lo que debieron realizarle una traquetomía que la obligó a permanecer más de dos meses en dicha clínica. Como su evolución no era de las mejores, sus hermanas religiosas decidieron trasladarla en marzo a la casa de las apostólicas que tienen en el cruce de Huaraz y Pomabamba en Breña, y ahí lentamente empezó a restablecerse. La operación la dejó sin habla, pero no sin comunicación ni buen ánimo. Ahora era más expresiva para comunicarse, y nunca dejando de sonreír.

Sin embargo, pese a su leve mejoría, en estas últimas semanas su salud se fue resquebrajando, y ya cerca de los 90 años, su cuerpo ya no respondía como ella y todos esperábamos.

El domingo 18 de setiembre, a las cuatro de la madrugada, acompañada de sus fieles hermanas apostólicas, finalmente partió a mejor vida. El domingo en la tarde y en la noche la velaron en la casa de Breña, y el lunes fue conducida a su última morada: Campo Fe de Puente Piedra.

Sus hermanas desde España, han escrito lo siguiente: “Lo suyo fueron las sonrisas que nunca llegaban a carcajadas, las manos en movimiento de acogida, el gesto de agrado, la delicadeza suma, la búsqueda de lo esencial, la libertad de conciencia, la bondad, y es que tenemos la sensación de que Rosario pasó siempre por la vida por encima de la mezquindad humana, sin que apenas la rozara, y creemos que lo que se fue encontrando en el camino, que hubiera podido dañarla, ni siquiera la tocó. Ha sido siempre generosa, limpia de corazón, clara de pensamiento, era como esa buena gente de la que nos habló Bertolt Brecht, que resulta mejor cuando se la conoce”.

Siempre le agradecí personalmente por toda la ayuda que me brindó desde el Colegio Comercio N° 64 de Pucallpa, porque yo soy el joven tímido de esta historia; y en esta oportunidad, quiero expresar públicamente mi agradecimiento por tanta generosidad recibida, y por el afecto y cariño que siempre me dispensó. Muchas gracias por todo Madre Rosario.


Escrito por

bufeoucayalino

Página con información de la Amazonía peruana, principalmente del departamento de Ucayali, Perú.


Publicado en

Cultura Amazónica

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