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Murió mamá de Wilindoro Casique

Publicado: 2012-03-27

Doña Amalia Flores Babilonia en Pucallpa con uno de sus nietos.

Si el titular de la presente nota hubiera sido: “Murió doña Amalia Flores Babilonia”, no sería considerada noticia. Al ser doña Amalia Flores Babilonia madre de Wilindoro Casique, ex cantante de Juaneco y su Combo, la información cobra relevancia. Sin embargo, esta nota no estará referida al histórico intérprete de Juaneco y su Combo, sino precisamente a su madre que este jueves 10 de marzo de 2011, falleciera por un problema pulmonar. En las siguientes líneas sabrán las razones.

Doña Amalita, como era conocida doña Isolina Amalia Flores Babilonia, nació en la localidad de Sepahua, Ucayali, el 2 de enero de 1913, cuando su padre se encontraba trabajando como peón en la extracción del caucho en ese lugar. A los cinco días de nacida, su padre la envió con su madre a la ciudad de Pucallpa, donde fue inscrita.

Doña Amalita aprendió sus primeras letras a los cuatro años de edad en una escuelita fiscal de Pucallpa. Estudió sólo hasta el tercero de primaria, pues hasta ese grado nomás se enseñaba en esa época. Desde niña le atrajo las melodías populares y aprendió de memoria muchas de ellas, sumado a que su madre, la pucallpina Laura Babilonia del Águila, tocaba la concertina. Le encantaba escuchar cantar a sus mayores, familiares o lugareños, para luego dedicarse a aprender las letras de esos cantos para interpretarlos inmediatamente. Cuando escuchaba que alguien cantaba en su barrio, corría para escucharlo, y se quedaba absorta cuando escuchaba una melodía nueva. En aquellas épocas, Pucallpa era influida por melodías brasileras, argentinas, colombianas, entre otras.

Amalia escribió todas las canciones de la época en un cuaderno que lo denominó “Cancionero” y que ella cuidaba con mucho celo, hasta que un día desapareció el citado cuaderno. Ella siempre sospechó de un joven aficionado al canto, quien interpretaba precisamente las canciones que había en ese cuaderno.

Cuando cumplió 25 años se casó con José Casique Ríos, natural de Masisea, con quien tuvo a sus hijos: Julio (1935), Pascual (1937), Nicolasa (1939), José Wilindoro (1942), César (1945)  y Luz Dori (1947).

Un hecho marcaría profundamente la vida de doña Amalia Flores. Ocurrió a principios de 1942 en la zona del Pintuyacu, por el Pachitea, en pleno invierno amazónico. “Hubo un diluvio que provocó que el río se desbordara, arrasando nuestra pequeña casita”, contaba doña Amalita. En esos días, su esposo se encontraba lejos del lugar, pues estaba internado dentro de la selva amazónica como capataz de un grupo de trabajadores que extraían caucho para un patrón de la zona. Las intensas lluvias de esos días provocaron una excesiva creciente del río que no ocurría desde hacía 20 años. Las aguas arrastraron muchas chocitas del caserío y también a doña Amalia y a sus hijos menores Julio (6 años), Pascual (4 años) y Nicolasa (2 años).

Doña Amalia luchó con todas sus fuerzas contra la corriente tratando de salvar a sus vástagos. Pero la fuerza del río era incontrolable. Ella, pese a encontrarse en avanzado estado de gestación de su cuarto hijo, no se rendía frente a la adversidad. No obstante su supremo esfuerzo, sus fuerzas no podían con la corriente intensa, teniendo que superar también la inquietud que vivía el ser que llevaba en sus entrañas. Las debilitadas fuerzas infantiles de sus menores hijos tampoco eran gran ayuda para la emergencia. Los niños no pudieron resistir mucho tiempo la presión de las aguas, por lo que luego de algún tiempo de lucha desigual entre Amalia y el río, el destino le arrebató a sus dos pequeños vástagos. Perdió a Julio y Pascual, logrando salvar sólo a Nicolasa, y al hijo que llevaba en su vientre que pronto nacería. Luego de dar cristiana sepultura a sus dos menores hijos, regresó a Pucallpa, donde a las pocas semanas, el 24 de marzo de 1942, nacería sin complicaciones el cuarto hijo de Amalita: José Wilindoro Casique Flores.

Doña Amalia, siempre cantó melodías ajenas y propias frente a sus hijos, aunque sólo a uno de ellos le sedujo la pasión por el canto. Ese era el niño José Wilindoro, ya que Nicolasa se inclinó por la declamación. Después de cada desayuno, Wilindoro le decía a su progenitora: “mamá enséñame a cantar”. Y ambos, madre e hijo, empezaban a cantar las canciones más populares.

Poco a poco, doña Amalita logró enseñarle a Wilindoro un buen repertorio de melodías amazónicas y foráneas, lo que generó que éste empezara a participar en las diversas actividades de su escuela y del Maijoshín (Pucallpa), hasta que siendo un adolescente ingresó a trabajar en la orquesta Ritmos del Caribe, para luego en el año de 1966 ingresar a la leyenda musical amazónica: Juaneco y su Combo.

En sus últimos años, doña Amalita vivió en el distrito del Rímac en Lima, junto con su hija Luz Dori, rodeada de su extensa prole, y aunque ya había perdido la vista, su memoria se mantuvo lúcida hasta sus últimos momentos. Era fuente privilegiada para todo aquel que quisiera escucharla sobre la historia musical del Maijoshín, además de saberse de memoria innumerables melodías que se cantaban en los primeros años de la vida mestiza de la Tierra Colorada (Pucallpa).

Wilindoro Casique ante el feretro de su progenitora

antes de ser conducida a su última morada.

En agosto del 2010, por una complicación de su circulación sanguínea le amputaron una de sus extremidades inferiores, y desde esa fecha su salud sufrió un progresivo deterioro, aunque pese a esa adversidad celebró sus 98 años en enero de este año. La quincena de marzo tuvo una repentina complicación en su sistema respiratorio, que luego de permanecer internada unos días en el Hospital Cayetano Heredia, pasó a mejor vida el 10 de marzo de 2011. Fue velada por amigos y familiares y enterrada en Los Jardines de la Paz de La Molina. Descanse en paz doña Amalita Flores.


Escrito por

bufeoucayalino

Esta bitácora no tiene mayor pretensión que la de difundir la variada información cultural sobre la Amazonía peruana que se produce en las distintas ciudades del oriente peruano así como en la ciudad de Lima, Perú. Si bien es cierto en los últimos tiempos grac


Publicado en

Cultura Amazónica

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