Recordando a Gilberto Reátegui, primera guitarra de Los Mirlos
Fotografía tomada de internet.
Por James Matos Tuesta
Gilberto Reátegui Chuquimbalqui es quizá es uno de los ilustres desconocidos para la gran mayoría de cumbiamberos peruanos. Sin embargo, fue una de las destacadas primeras guitarras peruanas de la época auroral de la cumbia peruana. A él le debemos el sonido característico que identificó al conjunto Los Mirlos en sus años iniciales. Creó el tema que mejor refleja el estilo de la agrupación moyobambina, como es la cumbia “La danza de Los Mirlos”. En las siguientes líneas, conoceremos por primera vez, en una apretada síntesis, la vida de este músico amazónico.
Gilberto, curiosamente, pese a ser integrante de un conjunto musical donde la mayoría de sus miembros eran naturales de la vieja ciudad de Moyobamba, departamento de San Martín, él era oriundo de la antigua ciudad de Requena, departamento de Loreto. Gilberto Reátegui nació el 4 de marzo de 1950, y habría cumplido 62 años este año 2012, si un fulminante derrame cerebral no se hubiera interpuesto en su camino, el 18 de noviembre de 2010.
Foto: James Matos Tuesta
En febrero de 2010, en un viaje que realicé por el río Ucayali, tuve la oportunidad de conocer la hermosa ciudad de Requena. Poblado amazónico ubicado cerca de la ciudad de Nauta, a las riberas del río Ucayali, a pocos kilómetros para que este río junto con el Huallaga dé origen al majestuoso río Amazonas. Componen su pequeña placita de Armas: el moderno local del municipio, la vieja iglesia matriz y lo que queda del impresionante edificio del Colegio Padre Agustín López, una de las construcciones más modernas de la década del 40 y 50 en la Amazonía peruana. Por este edificio, Requena era conocida en la cuenca del Ucayali como “La Atenas de la Amazonía”.
El día que visité Requena, me sorprendió que muchos conocieran a Gilberto Reátegui o supieran de quien se trataba, pese a que éste se había alejado de su terruño hace más de 40 años. Bastó que preguntara por su nombre al primero que se me cruzó en la Plaza de Armas para que todos los allí presentes me hablaran de él. Esa gente amable y hospitalaria me condujo al inmueble donde nació y creció Gilberto. Ubicado a dos cuadras de la plaza principal, exactamente en la esquina de las calles San Antonio y Constitución. Allí pude conocer a algunos de sus familiares y amigos. La tercera foto que acompaña a esta nota es la casa a la que me refiero. La primera es el puerto de Requena, y la segunda es lo que queda de la construcción del Colegio Padre Agustín López.
Foto: James Matos Tuesta
Gilberto fue el cuarto de seis hermanos: Walter, Nolberto, Agustín, Gilberto, Marco Antonio y Otilia, hijos de la unión de Agustín Reátegui Avila (Juanjuí, San Martín) y Regina Chuquimbalqui Rodríguez (Nauta, Loreto). Realizó sus primeros estudios en la Escuela Prevocacional de Varones de su tierra natal.
Transcurrió su infancia sin ninguna novedad, más allá de ser uno de los mejores alumnos de su plantel educativo y un aprendiz destacado de la guitarra acústica. Y esto último, debido a que su padre don Agustín Reátegui Avila, era uno de los músicos del lugar, y además era “constructor y reparador de instrumentos de cuerda”, como rezaba un avisito de la época. Don Agustín, incluso tenía su propio conjunto musical de nombre: “Don Agucho y su Bandurria”, integrada por otros tres amigos de la zona. Don Agustín también componía, de tal manera que uno de sus temas, “El tingotero”, lo grabaron Los Mirlos en el elepé El milagro verde, interpretado por su hijo Gilberto.
Cuando Gilberto cursaba su tercero de media en el Colegio Padre Agustín López, los maestros y el director del centro educativo convencieron a sus padres y hermanos, de que su inteligencia se estaba desperdiciando en este remoto pueblo amazónico. Convencidos de esa realidad, sus padres lo enviaron a Lima a concluir su secundaria en el Colegio Particular San Carlos. Luego de ello ingresó a la Universidad Técnica del Callao y luego hizo lo propio a la Pontificia Universidad Católica del Perú. En ambos centros superiores ingresó a la carrera de Ingeniería Mecánica, sin pasar más allá de los primeros semestres. ¿Cuál fue la razón?. Gilberto desde que llegó a la casa de su tía paterna en Lima, nunca dejó de tocar la guitarra. Y pese a haber sido un alumno muy aprovechado en la secundaria, la música lo seducía más. Es así que un día decidió abandonar Lima dejando inconclusos sus estudios superiores, y se regresó a Requena.
Foto: James Matos Tuesta
Allí entusiasmó a otros jóvenes del lugar para conformar una agrupación a la que llamó Los Príncipes. No duró mucho esta experiencia para retornar a la capital, llegando a vincularse a la movida cumbiambera limeña. Es así que entabla una amistad con los hermanos Rodríguez Grández (Jorge, Carlos y Segundo), quienes junto a otros jóvenes moyobambinos iniciaban la conformación de la agrupación Los Mirlos del Perú. En el conjunto empezó a destacarse nítidamente hasta convertirse en su primera guitarra. Y no sólo eso, sino que empezó a componer los temas que serían parte de las primeras producciones en DINSA y luego en INFOPESA de Alberto Maraví Chombo.
Entre los temas compuestos por Gilberto Reátegui podemos mencionar: “Don Agucho” (dedicado a su padre), “El achoradito”, “La danza de Los Mirlos”, “Cumbia a Requena”, “Vamos a Nanay”, “Chiquita bonita”, “Chinito ven a bailar”, “El cumbión de San Juan”, “El llorón”, “La marcha del pato”, “Lenita”, “Machetes en la selva”, “Makumba”, “Mi negrita”, “Noche de luna”, “Sabor a selva”, “Tómalo y dámelo”, entre otros.
Desde la aparición de Los Mirlos en el firmamento cumbiero de la capital del Perú, grabaron con INFOPESA una serie de elepés que luego serían exportados fuera del país, razón por lo que el conjunto también era solicitado por países vecinos. Es así que fueron invitados para participar en diversos escenarios de la ciudad de Buenos Aires, en Argentina, presentaciones que se repitieron en varias oportunidades más.
Es uno de esos viajes, a mediados de los años 80, ante diferencias surgidas entre el director del grupo, Jorge Rodríguez Grández y Gilberto Reátegui, parte del conjunto decidió quedarse a radicar en Buenos Aires, partiéndose de esta manera el conjunto amazónico. Entre los que se quedaron en Argentina podemos mencionar a Gilberto Reátegui (primera guitarra), Hugo Jáuregui (timbalero) y Carlos Vásquez (tumbador). Desde esa fecha se han tejido leyendas urbanas de las razones y motivos por los cuales la mitad del grupo decidió quedarse en Argentina.
A su retorno a Lima, Jorge Rodríguez completó el conjunto y continuó con la vida de Los Mirlos, en tanto en Buenos Aires, Gilberto Reátegui también completó con otros integrantes su conjunto y mantuvo también el nombre de Los Mirlos, creando durante mucho tiempo confusión entre sus seguidores. Los pormenores de la división del conjunto no es materia de la presente nota, sino la de recordar la vida de uno de los grandes guitarristas y compositores de la cumbia amazónica peruana.
En Argentina completó su conjunto con Juan Alarcón en el bajo, Faustino Sosa, cantante, Eugenio Cruz en el teclado y Héctor Torrejón en los coros. Con este equipo grabó en 1991, una producción denominada La historia de Los Mirlos. Luego vendrían una serie de discos compactos entre los que podemos mencionar: Pídeme la luna, Selva, 15 grandes éxitos, etc. y hasta donde tenemos información habrían grabado 15 producciones en discos compactos.
Gilberto Reátegui se casó en Lima con Nelly Vásquez Tello, con quien tuvo a su hijo Gerald Gilbert Reátegui Vásquez. En San Salvador de Jujuy se unió a la joven Sandra Viviana Urzagasti, con quien tuvo a sus hijos Alex Gabriel y Leonor. El primero de ellos, ya le acompañaba en sus últimas presentaciones como intérprete del conjunto, que en los últimos tiempos tenía la siguiente composición: Gilberto Reátegui (primera guitarra), Alex Gabriel (cantante), Cristian Zamarian (teclado) y Nahuel Álvarez (güiro).
A mediados de 2009, una enfermedad en el hígado (cirrosis) lo tuvo postrado en cama por un tiempo. No pasó mucho tiempo de superar esta enfermedad cuando en noviembre del mismo año, un automóvil lo arrolló en la calle dejándolo muy mal herido, temiéndose por su vida. Sus amigos y familiares hicieron grandes esfuerzos económicos y cadenas de oración para que superara este incidente, logrando finalmente el objetivo. Sin embargo, la salud de Gilberto ya no se recuperó del todo.
Cuando viajé a Requena y a Iquitos en febrero del 2010, quería conocer los orígenes de este músico requenino que creó numerosos temas de gran factura en homenaje a la Amazonía peruana. Tanto en Requena como en Iquitos, encontré a muchos de sus familiares, que recordaban la infancia y adolescencia de ese hermano ausente. También recordaban el gran afecto que tenía a sus padres, que hizo que los llevara varias veces a Buenos Aires. De eso dan fe las fotografías que conservan celosamente sus parientes.
Sus hermanos me proporcionaron un par de teléfonos de San Salvador de Jujuy, pero con ninguno de ellos tuve suerte en las llamadas. Me cansé de insistir, y hoy me queda la frustración de no haber podido conversar con este hombre que le puso notas al sonido amazónico. Quería hablar con él de muchos temas que se vinculan a los orígenes de la cumbia amazónica peruana.
Hace poco, me enteré que el 18 de noviembre del 2010, producto de un derrame cerebral, se apagó la vida de Gilberto Reátegui Chuquimbalqui, en el hospital Pablo Soria de la ciudad de San Salvador de Jujuy, en Argentina, la tierra que lo acogió sus últimos 20 años de su vida.
Fotografía tomada de internet.
En la última entrevista que concedió Gilberto Reátegui a la revista Avance de Requena, cuando vino por última vez a su tierra natal, no tenía palabras para expresar su inmenso cariño y agradecimiento que sentía por el país que lo cobijaba y su gente: “El argentino es muy amigable, trabajador, sabe vivir, quisiera llevar a todo Requena allí, para que trabajen, pagan muy bien, pues me da pena cómo no pueden mejorar la calidad de vida en Requena, en estos pocos días que estoy me doy cuenta que siguen avanzando desordenados. En fin, pónganse a trabajar, mejor, planifiquen algo serio, es tiempo”, concluyó Gilberto.